Turbinas eólicas

Uruguay revoluciona con las energías limpias

Mientras el mundo tenía sus ojos puestos en la Cumbre del Clima de París, Uruguay demostraba que la transición desde las fuentes de energía basadas en fósiles, contaminantes y no renovables hacia energías limpias puede ser un proceso simple y asequible.

En la actualidad las fuentes de energía renovables proporcionan el 94,5% de la electricidad de Uruguay, y según el Director Nacional de Energía, Ramón Méndez, en menos de 10 años Uruguay redujo su huella de carbono sin subsidios del gobierno ni costos más elevados para los consumidores.

Y no es solo eso, además se han bajado los precios y disminuyó el riesgo de cortes de suministro gracias a un mix de fuentes de energía diversificadas, que se traduce en una mayor resiliencia en las épocas de sequía.

Méndez afirma que Uruguay aprendió “que las energías renovables son un negocio financiero”. “Los costos de construcción y mantenimiento son bajos, por lo cual en tanto se ofrezca a los inversores un ambiente seguro, es [un negocio] muy atractivo”.

Los efectos se hacen visibles en las rutas. En menos de 300 km hacia el norte de Montevideo se atraviesan tres plantas agroindustriales alimentadas con biocombustibles y tres parques eólicos. El más grande de ellos es la planta Peralta, de 115MW, construida y operada por la compañía alemana Enercon.

Sus grandes turbinas -cada una de 108 metros de altura- se alzan sobre campos repletos de ganado y ñandúes.

Además de unos vientos fiables con un promedio de 13 km/h de velocidad, la mayor atracción para inversores extranjeros (como Enercon), es el precio fijo por 20 años garantizado por el Estado. Debido a que los costos de mantenimiento son bajos y estables, se garantiza que haya utilidades.

Con una población relativamente pequeña (3,4 millones de habitantes), en los últimos años Uruguay ha recibido halagos de todo el mundo, y ahora también se lo reconoce por su progreso en la reducción de emisiones de carbono. En 2014 la WWF nombró a Uruguay entre sus “Líderes de energía ecológica”.

Como resultado de todo esto, varias empresas extranjeras se están alineando para asegurarse contratos de los parques eólicos. La competencia está ejerciendo su presión y se llegó a bajar hasta un 30% el costo de generación de energía eléctrica durante los últimos tres años. Camiones llevando turbinas eólicas, torres y aspas ya son algo frecuente en las rutas del país.

Comparado con otros países pequeños con alta proporción de generación de energías renovables, el mix aquí es diferente. Mientras que Paraguay, Bhutan y Lesotho se basan casi por completo en energía hidráulica e Islandia en la energía geotérmica, Uruguay tiene una diversidad de fuentes que lo hacen más resiliente a los cambios climáticos.

Parques eólicos como el de Peralta alimentan ahora a varias plantas hidroeléctricas, de modo que sus diques puedan mantener los reservorios llenos por más tiempo luego de las temporadas de lluvia. Según Méndez, esto redujo la vulnerabilidad a las sequías en un 70% – lo cual no es poco, considerando que un año seco solía costar al país alrededor del 2% del producto bruto interno.

Este no es el único beneficio a la economía. “Durante tres años no hemos tenido que importar ni un solo kilowatt-hora”, dice Méndez. “Solíamos ser dependientes de importar electricidad desde Argentina, pero ahora les exportamos a ellos. El último verano, le vendimos un tercio de nuestra generación total de energía.”

Aún queda mucho por hacer. El sector del transporte depende del petróleo (que representa un 45% del total de mix energético). Pero la industria – principalmente procesamiento de productos del agro – está ahora alimentada predominantemente por plantas de cogeneración de biomasa.

Méndez atribuye el éxito de Uruguay a tres factores clave: credibilidad (una democracia estable que nunca “defaulteó” su deudas, por tanto, atractiva para inversiones a largo plazo); condiciones naturales favorables (buenos vientos, radiación solar decente y una gran cantidad de biomasa de la agricultura); y compañías públicas fuertes (que son socios confiables para las firmas privadas y que pueden trabajar con el estado para crear un ambiente operativo que resulte atractivo).

No todos los países pueden replicar este modelo, sin embargo Méndez dice que Uruguay ha dado las pruebas que las energías renovables pueden reducir los costos de generación, pueden suplir más del 90% de la demanda de electricidad sin un back-up basado en carbón o plantas de energía nuclear, y que los sectores público y privado pueden trabajar juntos de manera efectiva en este campo.

Pero quizás la mayor lección que Uruguay puede proveer a los delegados a la cumbre de Paris es la importancia  que tiene una fuerte toma de decisiones. Como ha sido el caso en innumerables conferencias sobre clima en la ONU, Uruguay ha estado paralizado por un interminable y rencoroso debate acerca de las políticas energéticas.

Todo esto cambió cuando el gobierno finalmente aceptó un plan de largo plazo que tuvo consenso de los diferentes partidos políticos.

“Tuvimos que atravesar una crisis para llegar a este punto. Pasamos 15 años en una mala posición”, dijo Méndez. “Pero en 2008 iniciamos una política energética de largo plazo… finalmente tuvimos claridad.”

Esta nueva dirección hizo posible una rápida transición que ahora cosecha sus frutos.

 

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